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Por una F1 sin pecadores ni nuevos ricos

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41 años después la F1 vuelve a Las Vegas. Ya en 1981 y 1982 las dos únicas ediciones anteriores de la carrera popularmente conocida entonces como “GP Caesar’s Palace” fueron un fiasco. La guerra del momento entre la FIA (Balestre)-FOCA (Ecclestone) oscureció el resplandor de las victorias de Alan Jones (Williams) y Michele Alboretto (Tyrrell) que resultaron decisivas para los títulos de aquellas temporadas.

Y ahora, incluso antes de que arranque la versión 2.0 de esas carreras, el evento huele a fracaso.

Ya lo cantaba Elvis Presley en su “¡Viva Las Vegas!”: “Ciudad de luz brillante, vas a poner mi alma. Voy a prender fuego a mi alma. Tengo mucho dinero listo para quemar.” Premonitorio, sin duda, lo que cantaba el de Tupelo.

Tanto los promotores de la carrera como los gestores del campeonato querían convertir este GP en una referencia. La carrera de “la Ciudad del Pecado” viene rodeada de lujo, casinos, oropel, brilli-brilli y… lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas.

Los principales equipos han diseñado carrocerías especiales para la ocasión, incluso algunos preparan propuestas de hospitalidad singulares para sus invitados.

Pero no todo el mundo está dispuesto a seguirle el juego a este Sodoma y Gomorra digital. No les hablaré ni del (espantoso) diseño del segundo trazado más largo del campeonato, ni de su asfalto, ni de las temperaturas bajísimas que se esperan, ni de la degradación que pueden sufrir los neumáticos en unas eternas y aburridísimas rectas, o de la demencial incorporación a la pista desde el pit-lane, o del cisco que puede haber en la salida cuando los pilotos aborden una primera curva cerradísima con los neumáticos lejos del rango de temperatura óptimo.

A mi donde estén los Monza, Spa, Suzuka, Silverstone, Interlagos, México, Montreal… que se quiten las horteradas de nuevo cuño que colonizan el calendario últimamente. Ya se pueden confitar los Bakú, Jeddah, Miami, o este mismo Las Vegas.

Por mucho neón que le pongan, por más purpurina con la que pinten, la esencia de las carreras no necesita ni del jackpot de las tragaperras, ni de estrógenos de la emoción añadidos. Ya tenemos suficiente con los DRS, los motores híbridos y otras “moderneces”. Cualquier tiempo pasado, sí, fue mejor; al menos en esto de la F1.

El sopapo que se van a dar se va a escuchar hasta en el jardín de Ecclestone y en la tumba de Mosley. ¡Y mira que Don Max se hubiera divertido en esta ciudad, antes y/o después de la carrera!


Ecclestone Formula 1 Las Vegas

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