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No, Márquez no es Démbéle. Afortunadamente

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Yo de fútbol entiendo más bien poquito. Ya quedó demostrado. Pero casi cincuenta años de proximidad con muchísimos deportistas de élite de especialidades muy distintas me han dado la oportunidad de entender que existen una serie de estereotipos a la hora de definir la personalidad de cada uno de ellos, y que se repiten de forma recurrente. Para lo bueno, pero también para lo malo. Con sus semejanzas y sus diferencias.

Al llegar a Silverstone, y cuando aún no se han sacado la arena de la playa de sus chancletas, los pilotos de MotoGP se han encontrado con que la llamada “Silly Season”  (la tontuna de las inevitables “serpientes de verano”) ya circula a toda pastilla por el paddock.

El anuncio oficial de que Alex Rins sustituirá a Franky Morbidelli en Yamaha el año próximo junto a Fabio Quartararo ha impregnado con trilita la mecha que activa la rumorología. Y en ese ejercicio pirotécnico, el nombre de Marc Márquez ha provocado de nuevo los fuegos artificiales de aspecto más vistoso. Pero, cuidado, con la pólvora no se debe jugar no sea que pase como a los heridos del Festival de Blanes del mes pasado, y las bolas de fuego acaben rustiendo a quienes son sólo meros espectadores.

Y les decía lo del fútbol porque, a propósito de la huida de Dembelé a París y la llegada de Marc Márquez al Gran Premio de Gran Bretaña de este fin de semana, lo que les comentaba de los estereotipos queda más ejemplarizado que nunca.

El larguirucho Ousman ha demostrado poco agradecimiento ante una entidad y una afición que han soportado su falta de compromiso durante demasiado tiempo, y que le han aguantado lo que ninguna empresa seria hubiera soportado ante la displicencia de uno de sus asalariados, que no trabajadores. Ahora el Mosquito se va a picar a otra parte, demostrando que su amor por los “colores” es más bien escaso. Seguro que a Gerard Piqué no le hubiera hecho ni pizca de gracia lucir una camiseta blanca como la que llevaron los jugadores del Barça -entre ellos Dembelé- en su partido del otro día frente al Milan. Pero a ese jugador que, como nos recordaba el viernes Xavi Torres en estas mismas páginas, ha provocado más “uuuuys” y “caaassis” que celebraciones en la grada, le importa un bledo que le vistan de blanco, del Barça, del PSG o de lagarterana si se tercia.

El lujo de leer “Sport” nos permitía el mismo jueves disfrutar de la entrevista que Emilio le hizo a MM93. En ella, el de Cervera nos contaba cómo fue su encuentro con Rafa Nadal en su Academia de Manacor durante las vacaciones. Si no la han leído, recupérenla. Vale la pena. Especialmente para entender mejor lo que les contaba de los “estereotipos”.

Uno puede largarse del Barça o del Alpedrete FC sin pestañear ni ante un cheque de 25 kilos, y sentir la misma emoción por reencontrarse con el avalador Luis Enrique con idéntico fervor que si lo hiciera Mortadelo con entrenadores tan ilustres como los Melanio Perrera o Bonito Loro que dibujara el genial Ibañez en “Los ases del balón”.

Esto, o reiterar hasta la extenuación que “no existe un plan B a Honda”, como asevera Márquez en su entrevista. O no al menos hasta la conclusión del contrato que le vincula con la marca japonesa a finales del año próximo. Porque a pesar de las lesiones, de que la moto sea una castaña (tanto, tanto… que Rins huirá de ella tan pronto como la legalidad se lo permita, y que Mir esté también en el mismo proceso de divorcio), de que quienes la parieron tan mal no hagan nada para cambiarla, Márquez es un hombre de compromiso.

También por eso seguirá con Honda. Porque la cláusula de rescisión de su contrato es una locura; porque nadie le pagará lo que se comprometieron los japoneses antes de cagarla; porque la época de los representantes tipo Moussa Sissoko ya quedó atrás en su biografía; porque en Ducati no le necesitan, y porque en KTM no cabe. Pero sobretodo porque Marc es agradecido, y en su ADN no se ha borrado aún el recuerdo de los buenos tiempos con esa moto: “En Honda siempre me trataron bien. Quiero volver a ser campeón con ellos”.

Por eso es tan igual a Rafa Nadal. Por que los dos tienen en común eso de lo que tanto se habló en el futbol: valores. Y mientras tanto, para Dembelé: “bon vent i barca nova”. Se lo traduciré porque en los seis años que estuvo aquí (ni en el tiempo que pasó en el Dortmund) no tuvo la capacidad para entender ni una palabra del idioma que hablamos quienes le hemos aguantado sus 124 partidos sin jugar: “Bon vent et noveuau bateau”. Riau, Riau.


Circuito de Silverstone Marc Márquez MotoGP Ousmane Dembelé

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