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La noche que Alonso ensombreció a Rossi

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Discoteca Zangola, en el corazón de los Dolomitas. Enero de 2011. Fernando Alonso había aterrizado en Ferrari la temporada anterior, pero aquel año le tocaba compartir protagonismo en la fiesta de los equipos patrocinados por Marlboro, ni más ni menos que con la rutilante estrella motociclista Valentino Rossi (la Scuderia con el español y Felipe Massa; y Ducati con el italiano y Nicky Hayden).

El Wrooom, el tradicional stage de invierno en Madonna di Campiglio donde este patrocinador presentaba cada año sus formaciones deportivas más mediáticas, no había reunido un cartel tan magnífico desde los tiempos que Michael Schumacher se deslizaba por la temible pista 3-Tre vestido de rojo.

La fiesta de la última noche iba a marcar el desempate del duelo entre el asturiano, que había dominado la carrera de karts y coches sobre un lago helado, y el italiano, capaz de desenvolverse con mejor soltura esquiando por las laderas de la Val Rendena. Sobre el papel, el Doctor, menos tímido que Alonso, debía eclipsar la aureola del volantista en un terreno que le era más propicio. Sin embargo, apenas Fernando empezó sus números de magia en el centro de la pista tras ser presentado por un maestro de ceremonias que se hizo pasar por Eminem con mucho acierto, el español se comió con patatas a Rossi, que no tuvo otro remedio que acceder al escenario reclamado por Alonso para que ejerciera el rol de su mero ayudante. Nos quedamos todos con la boca abierta.

Aquella ha sido la única vez que he visto a Valentino caer derrotado en una lucha bajo los focos y objetivos de toda la prensa internacional del motor. Porque, en el resto de las batallas mediáticas, el de Tavullia no ha tenido rival. En estas mismas páginas se han contado todas sus gestas al detalle, y los números que ahora se recogen a modo sumarial lo dicen todo. “La moto te quiere”, le dijo su queridísimo amigo Angel Nieto, en el homenaje que le tributaron cuando igualó las 90 victorias del zamorano, de cuya desaparición se cumplen esta semana cuatro años.

Que Rossi ha sido uno de los mejores pilotos de la historia está fuera de toda duda. Pero, más allá de su mérito incuestionable como deportista, su valor va mucho más allá de sus gestas en los coliseos de la velocidad. ¿Cómo no iba a quererle la moto, con el trabajo de difusión y popularización de este deporte que ha hecho siempre el 46?

Su extraordinaria habilidad mediática, su potencial como comunicador, sus dotes como generador de negocio en el mundo del merchandising deportivo (hay quien le compara con -pongámonos en pie- Michael Jordan, ni más ni menos), la fuerza de su sonrisa, la personalidad de sus celebraciones, la originalidad de sus cascos, la energía de sus seguidores, la altanería de su coqueteo con la F1, los resultados en los rallys y los que le esperan en los GT, la creatividad de sus slogans más brillantes (“Scusatti per il retardo”, “Gallina vecchia fa buon brodo”, “Ché spetaccolo¡”), la intensidad de sus duelos más personales (contra Biaggi, Sete, Stoner, Márquez o Lorenzo), maniobras como el adelantamiento en el Sacacorchos de Laguna Seca, la curva Ducados de Jerez, o en la última del Estadi en Montmeló. Por regalarnos una conducción tan generosa, y mucho más: grazie mille Valentino. No es el final de una leyenda; tan solo un punto y aparte.


Felipe Massa Fernando Alonso Ferrari Valentino Rossi

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