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¿Aston aquí hemos llegado?

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En las dos últimas carreras disputadas hasta el momento en el mundial -Gran Bretaña y Hungría- Lewis Hamilton ha sumado casi 20 puntos más que Fernando Alonso. De ahí que la diferencia máxima de 24 que hubo tras el GP de Mónaco entre ambos ahora sólo sea de 6 después de las once primeras carreras del año.

Está claro que el Aston Martin ha perdido “fuelle” en las pruebas más recientes de la temporada. O no.

La reflexión del asturiano tras la clasificación en el Hungaroring fue demoledoramente definitoria: “Las cuatro décimas que nos separaban de la pole en las primeras carreras del año nos servían para salir en la primera línea y aspirar al pódium. Ahora sólo nos valen para ser octavos. Tenemos que mejorar como equipo, no sólo en la pista sino también en la fábrica.” Pam. Primer toque del año a quien corresponda.

Con los números en la mano no es que el AM23 haya empeorado -aunque pueda parecerlo-, pero es evidente es que los competidores han evolucionado a una velocidad distinta a la que lo ha hecho el coche de Silverstone.

El equipo que dirige Mike Crack introdujo menos actualizaciones eficaces en el coche de las que se esperaban -especialmente inspiradas en aquel fondo plano del coche de Checo Pérez que todos vimos en Mónaco- y encaminadas a reducir la ventaja que el diseño de la parte frontal del Red Bull aporta en la gestión de la degradación de las gomas.

En Canadá parecía que habían dado con la tecla, pero a partir de entonces la caída de rendimiento ha sido evidente, y aún se ha hecho más visible en la cosecha de puntos de Lance Stroll que en la del piloto español: el canadiense tiene menos de la mitad, teniendo en cuenta el hándicap que supuso para sus prestaciones la lesión que se hizo montando en bicicleta. Y la introducción de las nuevas carcasas de los neumáticos a partir de la carrera inglesa ha perjudicado notablemente las aspiraciones del equipo verde.

Seamos objetivos. Hasta la carrera de Catalunya -en la que Mercedes hizo el “sorpasso”- la clasificación nos decía que Aston Martin era el segundo de la tabla por detrás del intocable Red Bull. En Budapest, sin embargo, fueron los quintos por detrás de los energéticos, McLaren, la propia Mercedes y los Ferrari.

Algo ha pasado. Y lo que ha sido es que no ha pasado nada. Tal vez ese sea el problema.

Cuando en la pretemporada se decía que el Aston Martin era “otro” coche y que con él se podía aspirar a todo, me mostré escéptico. Me equivoqué, y me alegro de haberlo hecho. Honestamente: no creía que un coche/equipo pudiera cambiar tanto en tan poco tiempo, incluso con el plus que supone el “factor Fernando”.

Los ”vendedores del suflé” -que haberlos, haylos- alimentaron la ilusión de los aficionados con la zanahoria de “la 33”. Pero de momento la expectativa sólo ha generado frustración tras la hemorragia inicial de optimismo. En mi, también. Creyendo en lo que nos había dicho el equipo -que en Mónaco (estuvo cerca), Budapest (ni de coña) y Singapur (veremos)- sobre los escenarios en los que podía llegar la anhelada victoria, el gatillazo sufrido ha sido de los de levantarse de la cama y salir corriendo.

Sin embargo, hay otra lectura de la situación: celebrar los seis pódiums de Alonso en las ocho primeras carreras del curso. Honestamente, para mí lo que pase en la segunda mitad de la temporada no debería empañar el éxito rotundo conseguido hasta el momento. Porque lo es.

El dilema ahora es qué hacer ahora llegados a esta fase: ¿intentar mejorar este coche, o trabajar ya en el del año próximo? Pan para hoy…


Aston Martin Fernando Alonso Formula 1 Lance Stroll

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