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Només Márquez és amo del seu destí

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Decimoquinta carrera del año, y cuentan que ésta es tan solo la quinta en la que todos los pilotos titulares de MotoGP estarán en disposición de coincidir para la parrilla de salida. Y entre ellos: Marc Márquez, lo que convierte esta cita en algo tan especial como esperado.

La relación del de Cervera con esta pista es una historia de éxito. El de Honda se encuentra a gusto en Motorland. Su palmarés lo demuestra. Y, en condiciones normales, Marc sería si no “el gran” candidato a la victoria este domingo, uno de los principales a ello. Pero el hombre propone, y HRC dispone.

Su reaparición en el trazado de Alcañíz se veía a venir. No sólo porque parece el escenario ideal, el lugar en el que se siente más cómodo (no ha parado de dar vueltas en la pista de karts adyacente para completar su recuperación), sino porque esta carrera supone, más allá de la salida del último tramo del campeonato (con cinco carreras en seis semanas, antes de llegar a la última en Valencia), la rampa de lanzamiento del “nuevo MM93”.

Todo indica -y ojalá que sea así- que la operación a la que se sometió en Estados Unidos podría haber sido la penúltima estación de este largo vía crucis de su lesión en el húmero derecho. El desafío turolense será la prueba del nueve, la del “algodón no engaña”, para saber si el calvario ha terminado.

En teoría, ni Marc ni su moto están para ganar. Pero cuando en la ecuación entran los factores Márquez y Motorland, nadie puede descartar nada.

El compromiso del piloto con su recuperación no puede ser más grande, y su presencia en los tests de Misano o en la carrera de Austria para reunirse con los responsables de la marca acredita que, a la vista del rendimiento de la moto, ha decidido tutelar personalmente su evolución, sin delegar en ningún otro criterio.

El “nuevo MM93” ya está en marcha. Ahora que ha decidido poner la gestión de su carrera deportiva en unas manos distintas a las que lo habían hecho siempre, sabe que mirar hacia atrás sólo conduce a la melancolía. Si se confirma que su lesión ya forma parte del pasado, el horizonte que tiene delante es infinito… siempre y cuando el acierto técnico de Honda no le ponga límites.

En adelante, Márquez quiere pensar en grande, aspirar en grande, soñar en grande. Porque, ahora sí, sabe que ya nada le viene grande a nadie.

La leyenda de Giacomo Agostini se agrandó cuando después de ganar múltiples títulos con MV Agusta, lo logró también con Yamaha. La de Nieto porque después de triunfar con la Derbi lo siguió haciendo con Kreidler, Bultaco, Minarelli y Garelli…  Y la de Rossi porque tras hacerlo con Honda lo consolidó con Yamaha… aunque no pudo sellar su empeño con Ducati, en un camino contrario al que siguió Stoner (con éxito).

En coches, Prost lo logró con McLaren y con Williams (hacerlo con Ferrari quedó pendiente), a Senna no le dio tiempo a extender su palmarés con los de Woking al volante de los coches de Frank Williams, y Schumacher sumó a sus logros con Benetton su época con los de Maranello.

Siempre se ha dicho que los campeones de leyenda obtienen este segundo calificativo cuando son capaces de coronarse con una segunda marca.

Por ello, si Honda no es capaz de responder a las ambiciones de Márquez, por muchos contratos que haya de por medio, no sería descartable una futura hégira a Ducati, de la que ya les hablamos aquí hace meses y de la que mucho se viene especulando recientemente.


Honda Marc Márquez MotoGP Motorland

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