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“Essere Ferrari” és com ser de l’Atleti

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No se si a ustedes les ha pasado lo mismo, pero la espera desde la carrera de Bahrein hasta llegar a esta de Arabia se me ha hecho eterna. La cita de Sakhir nos puso las pilas a tope. Y si bien se ha hablado mucho de la carrera extraordinaria que hizo Fernando Alonso, creo que se ha profundizado poco en la que llevó a Carlos Sainz hasta la cuarta posición.

Jeddah es un circuito muy diferente. El trazado urbano más rápido del mundo, le llaman. Yo añadiría: y uno de los más peligrosos del calendario también; aunque afortunadamente no hayan sucedido más cosas en las ediciones precedentes que el trazado de La Corniche ha albergado este GP.

Hay quien dice que esta pista puede ir incluso mejor que la anterior para los Aston Martin. Ojalá. Personalmente no lo veo así teniendo en cuenta las exigencias del circuito y lo que vimos del AMR23 en la cita inaugural.

Lo cierto es que aquí la tracción no es tan importante como la velocidad punta, y la degradación de los neumáticos -si el viento no deposita demasiado polvo del desierto sobre el asfalto- podría ser menos trascendente. Todo ello podría ayudar un poco más a Ferrari que a Red Bull. En cambio, sus rápidas y largas curvas con las fuerzas laterales que generan ponen a prueba en modo extremo la resistencia de los chasis.

¡Cómo son las cosas! El año pasado los de Maranello se fueron de Bahrein con un doblete, mientras que los inicios del campeonato demostraron problemas de fiabilidad para Red Bull. Aunque ya sabemos cómo terminó la temporada. Los papeles parecen haberse invertido, al menos circunstancialmente. La gestión electrónica del motor de Leclerc le costó un cero rotundo para empezar, y su sustitución le ha traído una penalización para la parrilla de este fin de semana.

Ferrari se fue “sólo” con los 12 puntos de Sainz, que sufrió lo suyo para amarrarlos. Desde Italia se ha cuestionado la “escasa falta de combatividad” del madrileño en el momento de contener los ataques de su amigo Alonso que le pasó a diez vueltas del final para sellar el podio número 99 de su carrera y soltar un lacerante “bye, bye” por la radio que enrojeció aún más a los seguidores del Cavallino. Incluso hay quien acusa a Carlos de “pasividad” al expresar a su ingeniero sus dudas sobre si iba a poder acabar la carrera o no con aquel ritmo (sus gomas, más degradadas que las de Fernando, llevaban tres vueltas más…).

Estas dos semanas han sido muy calientes en Ferrari. A Fred Vasseur no le ha temblado el pulso. Ha relegado a un papel segundario al director deportivo del equipo, Laurent Mekies; ha degradado a Iñaki Rueda mandándole a la fábrica en lugar de seguir dirigiendo la estrategia en los circuitos; David Sánchez, el jefe de concepto del SF-23 de origen español ha dimitido tras diez años en la Scuderia. Una autentica depuración al más puro estilo estalinista… ¿Terminará aquí, o Vasseur podría ir más allá en su desembarco aparatoso en Italia?

La presión, como la pasión, es algo inherente al espíritu “essere Ferrari”. Es algo como aquella descripción que se escribió en un libro de religión de 1º de ESO hace cinco años para definir qué quiere decir “ser del Atleti”: “un sentimiento muy grande, como haber nacido en alguna parte. Saber ganar y saber perder. Saber apasionarte. Uno no tiene tantos triunfos, uno no tiene tantas copas, pero uno tiene alma, uno tiene espíritu.”. Ser del Atleti es como ser de Ferrari. O al revés. Expertos en sufrimiento. Y en pasión.


Carlos Sainz Ferrari Formula 1

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